noviembre 30, 2020

Salmonesmotorsport

Aficionados al motor

La fuerza de un campeón.

En malos tiempos, volver a donde eres feliz te da un plus de motivación y eso es lo que buscó Gerard de la Casa tras ser intervenido debido a una enfermedad.

Sin lugar a duda, Gerard de la Casa es uno de los pilotos más queridos a nivel nacional. Carismático y siempre atento con los aficionados, el andorrano ha relatado que sufrió a finales de año una operación debido a un tumor maligno que se desarrolló en su intestino.

Como relató el propio Gerard, tras mantener unas reuniones con Abel Alguer de Baporo comenzó a encontrarse mal y decidió, días después, acudir al hospital donde se le realizaron las pruebas pertinentes y donde se le informó de su enfermedad y se actuó en consecuencia.

A día de hoy, el piloto mantiene su recuperación a base de quimioterapia donde se le realizará hasta 12 sesiones.

Tras hablar sobre ello, Gerard de la Casa hizo mención al tan hablado Porsche 911 GT3 que la prensa habría sacado a la luz y ratificó la veracidad de la noticia aunque el propio piloto comentó que «prefería esperar» puesto que quería observar el Porsche 992.

Para finalizar la entrevista que le realizó Josep Autet, decidió contar una anécdota sobre los días que se encontraba dentro del hospital:

Estaba yo convaleciente, faltaba poco para fin de año y le dije a mi médico del hospital: “Doctor, necesito que me conceda dos favores…”.

“¿Dos favores?”, me dijo sorprendido, “¿cuáles?”.

Y le lancé “pues que permita que me sirvan un sólo día un croissant con mantequilla, hace días sueño con ello y yo tomo puntualmente cada día mis pastillas para la diabetes…”.

“¿Y el otro?”, añadió.

“Pues que me autorice un permiso de tres horas para salir del hospital, tres horas nada más, de doce a tres de la tarde el día que quiera, le prometo que en tres horas volveré a estar metido en mi cama…”.

El galeno no salía de su asombro: “Es la primera vez en mi vida que me piden algo así…”.

“Total que rellené y firme un documento de asunción de responsabilidad, me vestí, bajé a la calle como pude ante la expectación lógica del personal del hospital, subí al coche en el que me esperaba mi mujer, justo frente a la puerta del hospital y nos fuimos… tomamos el camino de Gedith Center, entramos directamente a la parte de arriba del edificio donde tengo actualmente cuatro de mis coches: el Maxi Turbo, el Mercedes 190, el Ibiza Kit Car y el R-5 Alpine. Bajé del coche, me senté en una silla frente a ellos un buen rato, incluso subí a alguno, comimos algo en el propio garaje y regresamos al hospital. Fue una hora y media exclusiva de yo y mis coches y la cara que hacía al entrar de nuevo en la habitación, aunque algo cansado, lo explicaba todo: ¡había vivido uno de los momentos más felices de los últimos tiempos!”.

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